No es que en nuestro cerebro aparezcan las emociones, no. Es que nuestra inteligencia es emocional. La razón se entrelaza con las emociones, lo que pensamos, las decisiones que tomamos. Cuando creemos que hemos decidido algo tras haber calculado fríamente todos los pros y los contras de una situación, realmente hemos terminado decidiendo algo en lo que nuestras emociones han tomado un papel definitivo.

Las relaciones sociales, los problemas cotidianos, la actitud ante determinadas cosas (drogas, empleo, pareja, amigos) la comprensión de las emociones ajenas, resulta que es justamente en lo que consiste la vida.

La educación de las emociones se ha apartado desde siempre del currículum escolar. Ahora que ya se conoce su importancia no existe motivo para no comenzar a educar su conocimiento, su gestión, en cualquier lugar en que se trabaje la educación de los niños.